IA EN EL SECTOR DE VINO: Transformación digital

Cuando pensamos en inteligencia artificial, probablemente el viñedo no sea lo primero que nos viene a la cabeza. Sin embargo, la IA en el sector del vino ya está empezando a ocupar un lugar importante en una industria que necesita adaptarse a nuevos retos y aprovechar mejor sus datos.

Esta fue precisamente una de las principales conclusiones de la jornada “Inteligencia Artificial en la cadena de valor del vino”, organizada por Mercados del Vino y la Distribución en Madrid. El encuentro reunió a especialistas en tecnología, innovación, investigación y transformación digital para analizar cómo estas herramientas pueden aplicarse a las distintas etapas del negocio vitivinícola.

Y lo interesante es que el debate no se quedó en una visión futurista. La conversación giró alrededor de aplicaciones que ya pueden encontrarse en ámbitos como la gestión del viñedo, la producción, la logística, la comercialización o la relación con el consumidor.

La IA en el sector del vino ya no es una cuestión de futuro

Una de las ideas que más se repitió durante la jornada es que la inteligencia artificial ha dejado de ser simplemente una tendencia tecnológica.

Ahora se plantea como una herramienta estratégica que puede ayudar a mejorar la competitividad, la sostenibilidad y la toma de decisiones dentro de toda la cadena de valor del vino. Eso sí, los expertos también señalaron que su incorporación debe hacerse con formación, experimentación y una estrategia clara.

En mi opinión, este último punto resulta especialmente interesante. Incorporar tecnología no consiste únicamente en adquirir nuevas herramientas. También implica saber para qué se quieren utilizar, qué datos se necesitan y quién será capaz de interpretar correctamente la información que generan.

Experimentar para aprender

Durante la primera mesa de debate, Andrés Pedreño Muñoz, fundador del campus tecnológico Torre Juana OST y miembro del comité de expertos del Gobierno para el Libro Blanco sobre Big Data e Inteligencia Artificial, defendió la necesidad de experimentar con estas tecnologías.

Su planteamiento pone el foco en algo bastante sencillo: las empresas necesitan perder parte del miedo inicial y crear una cultura que permita probar, aprender y adaptarse.

La cuestión resulta especialmente relevante para un sector como el vitivinícola, donde conviven tradición, conocimiento especializado y procesos productivos que dependen de numerosas variables.

El reto de los datos y el control tecnológico

Pero la transformación digital también plantea preguntas importantes.

Richard Benjamins puso sobre la mesa el riesgo de que la inteligencia artificial quede excesivamente concentrada en pocas manos. El debate, en este caso, va más allá de utilizar una determinada herramienta: también afecta a la gobernanza tecnológica y a la capacidad de las empresas y sectores para mantener el control sobre el conocimiento y los datos.

Por otro lado, Óscar de la Torre, senior advisor tecnológico en Arcano Partners, señaló el desfase que existe entre la velocidad a la que avanzan estas herramientas y la capacidad de muchas empresas para incorporarlas de forma segura.

La adaptación, por tanto, necesita avanzar, pero sin dejar de lado cuestiones como la confianza y la seguridad.

Del viñedo a la captura inteligente de datos

Quizá uno de los ámbitos donde más claramente se puede entender el potencial de la IA en el sector del vino es el propio viñedo.

María Eugenia Bórbore, gerente vertical industrial de Telefónica, explicó durante el encuentro que el desarrollo tecnológico en este ámbito pasa actualmente más por la captura y explotación inteligente de información que por una automatización total.

La referencia a los robots resulta especialmente ilustrativa: antes de imaginar escenarios dominados por robots humanoides, el sector está trabajando ya en la recopilación de datos mediante robots y otras herramientas tecnológicas.

Esto abre una posibilidad muy interesante: utilizar mejor la información disponible para comprender lo que ocurre en el viñedo y tomar decisiones con más conocimiento.

La tecnología necesita personas que sepan aplicarla

Hay otro aspecto que me parece fundamental y que aparece de forma recurrente en el debate sobre inteligencia artificial: la tecnología, por sí sola, no resuelve los problemas.

Nacho Aldarriba identificó entre las barreras para avanzar el miedo de algunos trabajadores a perder su empleo y la necesidad de distinguir entre las expectativas generadas alrededor de la IA y sus aplicaciones realmente útiles.

En esa misma línea, Javier Borondo, doctor en Sistemas Complejos y fundador de AGrowingData, puso el acento en la importancia de contar con profesionales capaces de integrar la IA en las áreas concretas donde vaya a utilizarse.

Es decir, no se trata únicamente de tener acceso a la tecnología. También hace falta conocimiento para utilizarla correctamente.

Datos para diferenciar una bodega

La aplicación de la inteligencia artificial tampoco termina en el campo o en la producción.

Raúl López Blanco, investigador especializado en IoT, trazabilidad y Smart Farming, destacó durante la jornada el papel que pueden desempeñar los datos a la hora de construir la identidad y el posicionamiento de cada vino.

La idea es que cada bodega pueda utilizar esa información para encontrar elementos que le permitan diferenciar su producto.

Aquí aparece una de las claves de esta transformación: los datos no tienen valor únicamente porque sean numerosos. Lo importante es saber interpretarlos y convertirlos en decisiones útiles.

Una IA que puede aumentar las capacidades humanas

La jornada terminó con una reflexión centrada en las personas.

Jacobo Pablos, fundador y CEO de Foqum, planteó que la inteligencia artificial puede contribuir a que las personas dediquen más tiempo a tareas complejas.

Es una perspectiva diferente a la idea de que la tecnología tiene necesariamente que sustituir al trabajador. En este enfoque, la IA puede convertirse en una herramienta para aumentar determinadas capacidades y liberar tiempo para actividades que requieren conocimiento, criterio y experiencia.

El vino entra en una nueva etapa digital

Después de escuchar las diferentes perspectivas planteadas durante la jornada, la conclusión parece bastante clara: la IA en el sector del vino ya ha comenzado su transformación.

El reto está ahora en conseguir que esa transformación sea útil y sostenible. Para ello será necesario mejorar la captura de datos, formar a los profesionales, experimentar con nuevas aplicaciones y establecer estrategias que permitan utilizar la tecnología sin perder el control sobre la información.

La conclusión compartida por los participantes apunta precisamente hacia ese escenario: la capacidad de capturar, interpretar y convertir los datos en decisiones será cada vez más importante para competir en los próximos años.

Y quizá ahí esté la verdadera revolución. No en sustituir la experiencia acumulada durante generaciones en el mundo del vino, sino en combinar ese conocimiento con nuevas herramientas capaces de ayudarnos a entender mejor el viñedo, optimizar procesos y tomar decisiones más informadas.

La tecnología cambia rápidamente. El desafío para el sector será aprender a utilizarla sin perder aquello que hace diferente a cada vino: su identidad, su territorio y el conocimiento de quienes están detrás de cada botella.