Hay territorios cuya identidad está estrechamente ligada a su historia vitivinícola. Thuir, en el Rosellón francés, es uno de ellos. Su paisaje, sus tradiciones y su vínculo con los vinos dulces naturales convierten esta localidad en un punto de referencia para comprender el valor cultural y el legado de la viticultura mediterránea.
Del 9 al 11 de octubre de 2026, Thuir acogió la sesión de Vinos Dulces y Fortificados del Concours Mondial de Bruxelles (CMB), una cita internacional que reunió a profesionales de diferentes países y registró una participación récord: 417 muestras procedentes de cerca de 30 países, evaluadas por 35 catadores de casi 20 nacionalidades.
Más allá de las cifras, el encuentro puso de relieve la importancia de preservar y dar a conocer un patrimonio vitivinícola que forma parte de la historia y la identidad de numerosos territorios.
Thuir y el legado de los vinos dulces naturales
La elección de Thuir como sede no es casual. Situada en la región de las Aspres, en el Rosellón, la localidad se encuentra en una zona estrechamente vinculada a la elaboración de vinos dulces naturales como Banyuls, Banyuls Grand Cru, Maury, Rivesaltes y Muscat de Rivesaltes.
Estos vinos forman parte de una tradición que conecta las características del territorio con los conocimientos desarrollados a lo largo de generaciones. Celebrar una sesión internacional en su lugar de origen permite acercar ese legado a profesionales de todo el mundo y reforzar el reconocimiento de unas denominaciones profundamente arraigadas en la cultura local.
La iniciativa, organizada en colaboración con el Institut Régional de Sommellerie Sud de France Occitanie y las Caves Byrrh, también pone en valor el papel de las instituciones y entidades locales en la conservación y difusión del patrimonio vitivinícola.
Un encuentro internacional que mira al futuro
La participación de catadores de cerca de 20 nacionalidades y la presencia de muestras de casi 30 países reflejan la dimensión internacional alcanzada por esta edición del concurso.
Las evaluaciones a ciegas, realizadas por un jurado profesional, constituyen el núcleo de la actividad del Concours Mondial de Bruxelles. Sin embargo, este tipo de encuentros también ofrece una oportunidad para intercambiar conocimientos, poner en común experiencias y dar visibilidad a tradiciones vitivinícolas de diferentes procedencias.
En palabras de Baudouin Havaux, presidente del CMB, la iniciativa busca fortalecer los vínculos entre las grandes denominaciones de vinos fortificados y contribuir a que este patrimonio compartido encuentre su lugar entre las nuevas generaciones.
Una perspectiva que invita a considerar el vino no solo desde su dimensión productiva, sino también como parte de una historia cultural que merece ser transmitida.
Un territorio donde paisaje, formación e historia se encuentran
Otro de los aspectos destacados de esta edición es el entorno en el que se ha desarrollado. El Institut Régional de Sommellerie Sud de France Occitanie, situado en Thuir, cuenta con instalaciones dedicadas a la formación y al análisis sensorial, entre ellas un laboratorio especializado, una cocina pedagógica y una terraza panorámica con vistas a los viñedos.
A ello se suma el patrimonio de las históricas Caves Byrrh, que albergan una gran cuba de roble con una capacidad de 1,2 millones de litros.
El conjunto muestra cómo un territorio puede reunir historia, formación profesional y conocimiento técnico, creando un contexto propicio para la difusión de su identidad vitivinícola.
Preservar el patrimonio para las nuevas generaciones
La celebración de esta sesión del Concours Mondial de Bruxelles en Thuir invita a reflexionar sobre uno de los grandes retos del sector: mantener vivo el conocimiento asociado a las tradiciones vitivinícolas y transmitirlo a quienes se acercan a ellas desde nuevas perspectivas.
La protección del patrimonio no consiste únicamente en conservar técnicas y denominaciones. También implica documentar su historia, favorecer el intercambio entre territorios y dar a conocer el contexto cultural en el que se desarrollan.
En este sentido, encuentros internacionales como el celebrado en Thuir contribuyen a situar en primer plano la relación entre producto, territorio e identidad. Una relación que explica por qué determinadas tradiciones siguen teniendo relevancia mucho más allá de sus lugares de origen.
Thuir ha sido, durante estos días, un punto de encuentro para profesionales de diferentes países y una oportunidad para poner en valor el legado vitivinícola del Rosellón. Una muestra de que la proyección internacional de un territorio también se construye a través de su historia, su conocimiento y su capacidad para compartirlo.

